Monseñor Monsalve y más de 40 líderes sociales analizan con preocupación la actual crisis socio-política

“Cuando no hay continuidad de lo pactado, la credibilidad se va al suelo, y ese es el momento que estamos viviendo, de pesimismo, de pérdida de confianza, en todos los niveles”, monseñor Monsalve.

Monseñor Darío de Jesús Monsalve, reunido con más de 40 líderes de Cali.

Por: Guido Toro

Rodeado de más de cuarenta líderes sociales de diferentes comunas y corregimientos de Cali, monseñor Darío de Jesús Monsalve, arzobispo de Cali, sostuvo un almuerzo colectivo y realizó un análisis de los momentos críticos que vive el país frente al debilitamiento de los Acuerdos de Paz, y la necesidad de continuar adelante con la construcción de un proceso social, que reconozca los derechos individuales consagrados en la Constitución de Colombia.

“Cuando no hay continuidad de lo pactado, la credibilidad se va al suelo, y ese es el momento que estamos viviendo, de pesimismo, de pérdida de confianza, en todos los niveles”.

Así lo indicó monseñor Monsalve, facilitador para los diálogos de paz con las FARC, y coordinador de la comisión de obispos que acompañaba los diálogos entre el Gobierno y el Ejército de Liberación Nacional (ELN).

El 18 de enero anterior, el Presidente Iván Duque anunció la ruptura de los diálogos de paz con el ELN, iniciados en la administración anterior (Juan Manuel Santos) y solicitó al Gobierno cubano la captura y entrega inmediata de los negociadores de esa guerrilla que estaban presentes en la isla.

“Tenemos ese desafío tan fuerte de lograr que madure ese marco político, constitucional, jurídico, que haga posible también la convocatoria a todos los actores armados, a toda la comunidad internacional”.

“Todo esto no nos puede afectar en lo que hacemos de abajo hacia arriba, y en esta construcción de sociedad, más aún la construcción de unas ciudadanías que van escalando en su identidad, basado en las libertades individuales”, agregó Monseñor.

En Colombia, el derecho constitucional garantiza la libertad de conciencia, de expresión, el derecho a la honra, a la movilización, a la reunión y manifestación pública.

Es más, el Artículo 22 de la Carta Magna reza literalmente que “La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”.

“Ante los actores armados en el territorio nacional, aún en el urbano, significa que no existen los derechos del sujeto civil, y no existe el sujeto como ciudadano, el sujeto colectivo”.

“Y ese sujeto civil o colectivo solo cuenta como consumidor, como masa consumidora de la sociedad de mercado, y como clientela política y electoral”, señaló el Arzobispo de Cali.

Monseñor recordó que en el país, las personas pasaron hace mucho tiempo de ser “súbditos de un régimen” a ser ciudadanos con derechos, con igualdad política, por lo que “esa construcción es fundamental, todos sabemos que sin una ciudadanía es imposible lograr que esa sociedad crezca y logre niveles de bienestar significativos”.

Resolver el conflicto

Doctor Jhon Freddy Caicedo, catedrático de Unicatólica.

En el marco del almuerzo con el arzobispo de Cali, y líderes sociales de la capital del Valle, el doctor Jhon Freddy Caicedo, catedrático de Unicatólica, y líder de procesos sociales, evidenció la seria problemática en Colombia cuando los conflictos armados no se resuelven satisfactoriamente.

“En Colombia necesitamos, en este momento, resolver bien por la vía política, la salida al conflicto social y armado que tenemos”.

“En el pasado hemos cursado conflictos que se han resuelto de manera prejudicial, y el siguiente ciclo de violencia es mucho más grave que el anterior”.

“Por ejemplo, en la guerra de los Mil Días, que nos costó 100 mil vidas de colombianos, brindamos  una solución pésima a ese conflicto y ello nos arrojó al siguiente ciclo de violencia que llaman -Violencia de Medio Siglo-, en donde según las cifras se perdieron más de 300 mil personas; y esta también se resolvió mal y hoy estamos en una nueva guerra, que según las cifras, tenemos más de un millón de vidas perdidas, y pareciera que el acuerdo que se alcanzó en la Habana (Acuerdos de Paz con las FARC) la élite lo ha traicionado, y por lo tanto, se está convirtiendo en una solución mal tramitada, traicionada quizá y que nos puede llevar a un siguiente ciclo de guerra mucho más doloroso y sangriento”, dijo Caicedo.

Las palabras y análisis del doctor Jhon Freddy no fallaron, cinco días después de la presente reunión sobre el análisis socio-político al conflicto colombiano, los otrora integrantes del partido político FARC, Iván Márquez, Seuxis Paucias Hernández, alias “Jesús Santrich” y a Hernán Darío Velásquez, alias “El Paisa”, realizaron un anuncio tiempo después de haberse retirado del proceso de paz, y de regreso presuntamente a la selva en Venezuela.

El 29 de agosto por medio de un video anunciaron “que ha comenzado la segunda Marquetalia (lugar de nacimiento de las FARC hace más de medio siglo) bajo el amparo del derecho universal que asiste a todos los pueblos del mundo de levantarse en armas contra la opresión”, donde figura Márquez haciendo la lectura acompañado por sujetos armados.

Posteriormente, y en medio de un aniquilamiento sucesivo de líderes sociales en el país, el pasado domingo 1 de septiembre, la candidata del partido Liberal a la Alcaldía de Suárez, Cauca, Karina García, fue asesinada junto con su madre, una candidata al Concejo, y el resto de sus acompañantes.

Los hechos se le atribuyen a varios grupos que operan en ese departamento, como las disidencias de las Farc, las Águilas Negras, y las Autodefensas Gaitanistas.

Escudo Humano

En 2016 se conocieron panfletos con amenazas de muerte contra monseñor Darío de Jesús Monsalve, quien venía trabajando en los diálogos de paz del Gobierno con las Farc y el ELN.

Esas amenazas fueron rechazadas por la Defensoría del Pueblo, el senador Iván Cepeda, Juan Camilo Restrepo, jefe negociador del Gobierno colombiano, entre otras personalidades.

Mientras que más de cuarenta líderes sociales de Cali y sus corregimientos, el 24 de agosto durante este almuerzo con Monseñor, se comprometieron a convertirse en un escudo humano para proteger la integridad del Arzobispo de la capital valluna.