Heroína vestida de girasol

Por: Guido Toro

Kelly, sientes dolor en el vientre, sabes que viene, faltan pocas horas, pero no puedes contener el vértigo, esa emoción que sube por la sangre capturando las burbujas de oxígeno, mientras se libera adrenalina; Kelly, tratas de pensar, imaginar, figurar, pero tu mente no logrará adelantar el rayo de sol que incursiona por tu persiana para confirmarte que ha llegado el nuevo día, el 23 de marzo, tu gran día.

Pero no eres la única que vive esas emociones 24 horas antes del cumpleaños, y hoy, tu hijo, tu amiga, tu papá, tu familia están presentes para darte una gran sorpresa: una torta amarilla con girasoles, y una payasita con un vestido colorido como los pétalos del gran girasol que acompañan el regalo y las palabras del corazón de tu padre: “Eres mi flor más preciada, mi girasol hermoso, mi negra bella, mi vida, mi cielo, mi sol”.

Es curioso, tu flor preferida y tu fecha de cumpleaños coinciden con el verano, la estación del año que se engalana con la helianthum amarilla, brindando a esta época del año, colorido, vitalidad, alegría, y energía.

Sabías, Kelly, que el girasol realiza movimientos de este a oeste en busca del sol, también te asemejas en eso a esta flor, por las travesías que has hecho desde el oriente hasta el occidente de la ciudad, cuando viajabas con tu papá en una “guala” por las laderas de Siloé, mientras tu mente iba fotografiando los diferentes cuadros sociales que ofrece el paisaje caleño, como la violencia intrafamiliar, el abandono de muchos padres hacia sus hijos, y en especial, el trabajo infantil.

Ese último cuadro es el que más te impacta, me has dicho mientras estábamos sentados a una mesa en un centro comercial del sur de la capital de la Salsa, donde todo tiene sabor y son. Quizá esa es la razón por la que todo es folklórico para nosotros, aunque más bien se trata de realidades naturalizadas para la gente, como tú bien lo expresas.

Expresiones que sabes muy bien comunicar, Kelly, pues cada centímetro de tu cuerpo habla por sí mismo, debe ser digna herencia de tu padre Jhon Jairo Perdomo, quién tomara la valiente decisión de seguir el camino del teatro desde que tenía 25 años, y sembró la semilla que te dio la personalidad para saltar desde las tablas al profesionalismo del trabajo social.

Mientras haces ese movimiento con las manos hacia arriba, como si un delfín nadara en el aire, me has dicho que una de las cosas que tu papá te enseñó es el “tras-subir”, y no el trabajar, ahora repites el mismo movimiento de manos hacia abajo, —porque cuando uno tra-baja, entonces uno “baja”, cuando tras-subes es porque tú caminas en función a tus sueños-.

Esa semilla sería parte vital para que tus girasoles se abrieran y empezaran a brillar para las personas que te rodean en tu camino, quizá por eso los girasoles están al rededor de la torta en este día de tu cumpleaños.

La flor de los pétalos amarillos, conocida también como flor del amor y la felicidad, quizá te apasiona tanto porque desde los seis años de edad tu papá te llevó al tradicional teatro al aire libre Los Cristales, donde se presentaban unos payasos rusos, aunque no hablaban, sus representaciones cotidianas eran suficiente para entender el mensaje.

Entre ellos, una payasita vestida con muchos girasoles dramatizaba muchas escenas, y con cada girasol que lanzaba al aire contaba una historia diferente.

—El girasol y yo siempre hemos tenido una relación que hasta hoy vengo a entender o a ponerlo en mi mapa mental, no era consciente de eso-, me has comentado con cara de sorpresa, mientras tus ojos negros miran hacia la derecha.

Una lluvia sorpresiva empezó a caer al final de aquella tarde de nuestra entrevista, por lo que tuvimos que movernos de mesa, quizá era el agua que necesitaban los girasoles a fin de que continúen brillando.

Aunque el trabajo social es tu profesión, la formación teatral te ha permitido proyectarte de mejor forma para la sociedad, como aquella campaña que armonizaste con girasoles para decir con una flor “basta” a diferentes abusos sociales y ambientales.

Después de todo tú eres una lideresa, no una súper heroína, —y cuando entiendes eso la perspectiva cambia-, me has indicado con un tono de voz más tranquilo, —Somos otro tipo de héroes, no el que usa capa, sino que en ese caminar te encuentras unos aliados que han sido parte de tu proceso. Tú has incidido en el camino y en la vida de ellos-.

Quizá este sea un buen momento para que lances al aire uno de los girasoles de tu torta y cuentes las historias de cómo Casa Naranja, el proyecto de teatro creado por tu padre, ha brindado herramientas de superación a muchos niños y jóvenes que lograron transformar sus vidas.

Incluso uno de los chicos que educaste en el arte dramático, Eider Alexander Rubio, representa uno de tus mayores orgullos, pues aunque provenía de una dinámica familiar muy cruda, habiendo presenciado el asesinato de su propia abuela, se empoderó de las herramientas que le brindaste para replicar el proceso en otros niños, y ahora se proyecta para estudiar en la universidad del Valle.

Si tú deseas puedes lanzar otro girasol al aire, para narrar la siguiente historia, ella se llama Daniela Cuervo, procedía del barrio el Vergel con una situación bastante compleja, ingresó a Casa Naranja y salió para convertirse en estudiante de ingeniería biomédica.

También está el caso de Jhon Edwar Camacho, quién descendiera desde las montañas de Yumbo atraído por un “espejo”, parafraseaba tu padre, y salió convertido en un importante artista de circo para recorrer ahora las tablas de México.

Podrías continuar lanzando girasoles al viento con los nombres, por ejemplo, de Natalia Quiñones o Camilo Bocanegra, y muchos otros chicos.

Cómo te parece, finalmente sí eres una heroína, una heroína vestida de girasol. Quizá esa pasión viene en la sangre, como en aquellos días de infancia alegre y entretenida en el barrio San Judas, cuando tu abuelo hablaba por un micrófono con voz de Pavarotti para recolectar dinero para diversas causas sociales de los vecinos, desde la señora embarazada, hasta el difunto de turno.

Tú recuerdas que él usaba un parlante altísimo que sobrepasaba la casa, o quizá Kelly, te sobrepasaba a tí por bastantes centímetros, lo cierto es que cada niño se divertía transmitiendo para toda la vecindad vía parlante “altísimo”, al tiempo que el abuelo recibía la ofrenda comunitaria para obras caritativas, pues —de grano en grano, la gallina llena el buche- afirmaba de esa forma aquella lección de vida para tí y para tu padre.

Se te hace un nudo en el alma debido a la problemática de los niños trabajadores, —pero desde mis posibilidades no he podido impactar a esa población. Si eso fuera una piedra en el zapato para todos, seguramente eso ya no existiría-.

—Yo entendí que a partir de pequeñas acciones se lograban grandes cambios, con decir permiso, gracias, o invitar a las pandillas a unirse a un espacio-.

Kelly, hoy cumples 26 años, quizá, si pides un deseo a la vez serían 26 deseos, quizá un deseo bueno se cumpla en cualquier momento.