Cali no superó la prueba en calidad de vida

El programa Cali Cómo Vamos revela un camino deteriorado y con más falencias que soluciones para los habitantes de la capital del Valle.

Por: Guido Toro

Hoy el programa Cali Cómo Vamos hizo su presentación de la mano de Marvin Mendoza, coordinador de esta organización, que no pertenece a la Alcaldía de Cali, y quien aseguró que el objetivo es hacer un seguimiento a la calidad de vida desde el sector privado.

Los estudios de esta entidad siempre revelan situaciones y tendencias que demandan la atención de la administración pública, pero que también llevan a los caleños a re-pensar sobre sus propias condiciones de vida.

En el informe correspondiente al presente año, así como en los anteriores, se abordan todas las temáticas vivenciales de los ciudadanos, desde salud, movilidad, seguridad, vivienda, hasta aquellos que tienen que ver con natalidad.

VIVIENDA

La investigación del programa Cali Cómo Vamos encontró que existe un déficit cuantitativo y cualitativo de vivienda, es decir, cualitativo son aquellos hogares que tienen vivienda pero que está en mal estado, y equivale a 38.330.

Mientras que el déficit cuantitativo asciende a 145.724 viviendas, frente a una oferta entre 2017-2018 de 3.891 espacios habitacionales.

Lo anterior llama fuertemente la atención por dos aspectos, la oferta es mucho menor que el déficit cuantitativo, pero al mismo tiempo sorprende que la oferta de viviendas de la clase alta, definida como “No VIS”, ascienda a 2.842 en el año 2018, mientras que la oferta para la clase popular, entendida como “VIS”, contabiliza apenas 194 unidades.

Es decir, la expansión en vivienda para la clase social alta supera en un 680% la oferta de la clase social popular.

La tendencia de construcción, según Cali Cómo Vamos, se extiende hacia la periferia y municipios vecinos de la ciudad, como Jamundí, Palmira, y Candelaria, con un predominio de licencias de construcción para condominios, lo que se traduce en licencias otorgadas a las constructoras.

MOVILIDAD

En 2018 el parque automotor registrado en la ciudad aumentó 2,4% frente a 2017, con un total de 683.946 vehículos.

La matrícula de automóviles particulares aumentó 3,2%, teniendo en cuenta que existen más vehículos rodando en Cali que el número realmente reportado debido a que los usuarios están registrando sus vehículos en municipios cercanos.

Mendoza señaló que el incremento del parque automotor tiene que ver con los tiempos de desplazamiento que cada vez se extienden más.

Otro hallazgo de la presente investigación es que en 2018 aumentó 2,1% el número de vehículos de transporte público tradicional que circuló en la ciudad, debido a que hay más personas que han dejado de movilizarse en MIO, pero que a la vez han optado por otros medios de transporte, como la bicicleta.

SEGURIDAD

Si bien en Cali se redujo el número de homicidios por quinto año consecutivo, la capital del Valle continúa como la ciudad con el índice más alto de asesinatos en el país, con 47 muertes violentas por cada 100 mil habitantes, mientras que Bogotá registra 13 y Medellín, 25.

El hurto a personas es un delito que viene en incremento, con un 7,2% más en el 2018 en relación con el año anterior. Cali pasó de 366 casos en 2015 a 649 en 2018, aunque la ciudad se encuentra en la quinta casilla por debajo de Bogotá, Bucaramanga, Medellín, y Barranquilla, en la proporción de hurtos por cada 100 mil habitantes, lo cierto es que los hurtos han aumentado en todo el territorio nacional.

El número de hurtos de automóviles particulares se incrementó en Cali en 2018, frente a 2017. En contraste, se redujo las denuncias de hurtos de motos en la ciudad.

De igual forma, por cada 100 mil habitantes se presentaron 92 denuncias de hurtos a motocicletas, mientras que en vehículos fue de 72 para el 2018.

Educación

Se calcula que existen entre 25 mil y 30 mil estudiantes por fuera del sistema educativo en Cali, hallazgo que surge del cruce de la Encuesta-SISBEN III y los datos del DANE-GEIH.

En 2018 aumentó la matrícula escolar en Cali en 4.018 estudiantes, sin embargo, llamó la atención de los investigadores la reducción de matriculados en educación media, equivalente a unos 716 jóvenes menos.

La preocupación al respecto estriba en que esos jóvenes podrían caer en la informalidad o la delincuencia.

Por otra parte, continua la existencia de la brecha entre colegios privados y públicos, “los estudiantes de Calendario B (privados) obtienen mejores resultados en lectura crítica, matemáticas y ciencias naturales en las pruebas Saber 11.

En cuanto a la educación superior, en el 2017 se contabilizaron 128.733 personas matriculadas, cifra 1,33% menor frente al año anterior, tomando en cuenta que Cali es una de las ciudades con los niveles más bajos de matrícula en el ámbito universitario.

Mendoza comentó que la finalización del programa “Ser pilo paga” tuvo una incidencia en la reducción de estudiantes universitarios, pero se mostró asombrado por la postura actual de los caleños frente a los estudios profesionales.

Los ciudadanos externaron que el incremento salarial posterior a la formación no es significativo versus los costos que implica asumir una carrera, es decir, un empleado no profesional podría devengar casi lo mismo que su salario actual después de finalizada su carrera.

Hoy, los anuncios clasificados de las dos bases de datos más grandes que operan en Cali, hacen convocatorias laborales para profesionales de diversas áreas con salarios que oscilan entre los 800 mil pesos y un millón 200 mil.

Un estudio de 2008 realizado por la universidad de la Costa (CUC) reveló que “el costo estimado de la canasta básica de una familia de ingresos bajos pasa de $600.257 en el año 2000 a $866.933 en el 2006”, tomando en cuenta la inflación.

En otras palabras, el salario devengado por diversos profesionales en Cali les permitiría financiar una canasta básica, sin incluir otras responsabilidades, como vestido, transporte, salud, vivienda, tecnología, entre otras.

Luego, en Cali la matrícula universitaria se está concentrando en las carreras de derecho, administración de empresas, y contaduría, lo que también tiene una repercusión en el campo laboral, porque el mercado no puede absorber a todos los profesionales graduados.

La pregunta que surge es si existe un diálogo entre el sector empresarial y el educativo a fin de ofrecer los estudios que demanda el campo corporativo, o si por el contrario las personas están percibiendo malas condiciones laborales por lo que prefieren estudiar otra carrera para proyectarse posteriormente de forma independiente.