La estructura social está en declive

| COLUMNA |

Por: Guido Toro

El mundo ha llegado al punto de equilibrio de la inanición, esto significa que para la gran mayoría de personas, la vida es una batalla diaria por los alimentos, por descifrar cómo lograr poner suficiente comida sobre la mesa.

La ilustración anterior la escribió Thomas Malthus, hace más de 200 años, partiendo del punto de crisis ocasionado por el crecimiento demográfico.

Sin embargo, la preocupación central de Malthus permanece vigente: el detrimento en los niveles de vida.

Irónicamente la calidad de vida de los colombianos se ha perdido, más bien, por la estructura social de nuestro país, que debido a la predicción del clérigo y economista británico.

Colombia ocupaba el puesto 95, en el GDP per cápita a nivel mundial, en 1990; mientras que un país mucho más pequeño y con menos recursos, como Puerto Rico, ocupaba la casilla 38.

En el 2017, Puerto Rico perdió tres posiciones; y Colombia descendió hasta el número 115, de acuerdo con el Banco Mundial.

El GPD per cápita permite conocer aproximadamente el nivel de vida medio de un país, sin embargo, tanto economistas como la CEPAL coinciden en que esta medida no refleja la calidad de vida de la población, y tampoco la distribución de las riquezas entre las capas sociales.

48% de los colombianos figuraban en la línea de la pobreza para el año 2003, catorce años más tarde, en el 2017, el Banco Mundial reportaba tan solo el 26,9%.

Juan Daniel Oviedo, director del DANE, dejó a todo el país estupefacto, a principios de este mes, cuando anunció que una persona pertenece a la clase media si tiene ingresos de $450 mil mensuales.

No sorprendería que el último reporte del Banco Mundial tome en cuenta la información oficial publicada por el DANE, que redujo la pobreza con el trazo de un lápiz.

“La familia promedio no se puede sostener con un salario mínimo ($828.116). Alcanzaría para cubrir alimentación…, pero el resto de la canasta básica familiar queda completamente descartada”, así lo explicó Jairo Santander, director de la escuela de Economía de la Universidad Central, para un noticiero de cadena nacional.

Más de la mitad de los 181 productos de la canasta familiar ya cuentan con un IVA del 19%, aunque la administración de Iván Duque esperaba ampliar la aplicación de este impuesto a los demás productos del sustento básico de los colombianos, como parte de su proyecto de Ley de Financiamiento.

Recientemente, el Gobierno acaba de presentar al Congreso el Plan Nacional de Desarrollo, que incluye la eliminación del subsidio de energía para estrato 3, y la disminución respectiva para los estratos 1 y 2.

Empleos que subyugan

La vida laboral en Colombia abona el camino en declive de la estructura social, para que los empleados se deslicen por una cuesta de barro hasta caer en el centro de arenas movedizas.

Bancos y compañías se especializan en llamar a descargo a sus empleados, además de ejecutar tantos despidos como si se tratase de un cáncer en metástasis.

Un contrato de trabajo pasó de ser una señal de estabilidad laboral a convertirse en un memorándum diario, que le recuerda al trabajador que su posición puede expirar en cualquier momento, y que su profesión, experiencia, y capacidades, tienen una caducidad, estipuladas por el jefe de turno o por las políticas del poder corporativo.

Los empleados corren a refugiarse en el Ministerio de Trabajo, que actúa bajo un código indescifrable para el proletariado. La entidad que se supone debe velar por los derechos de los trabajadores colombianos no ofrece estadísticas auditadas sobre la cantidad de casos fallados a favor del empleado.

Las audiencias entre patronos y empleados abusados se convirtieron en citas de “careo”, donde el ex-empleado recibe la última bofetada.

El trabajo remunerado, dependiente o independiente, tiene el objetivo de generar promoción social, pero en nuestro país se volvió sinónimo de subyugación social.

Adecuación mental de la población

Las situaciones anteriores, sumadas a otra multitud de factores que recaen directamente sobre los colombianos, como la migración masiva de venezolanos, y la reactivación de la guerra interna, hacen pensar que la estructura social del país está configurada para llevar a la población a una situación paupérrima, como la ilustrada por Malthus.

Cadenas de televisión nacional cierran el círculo de la adecuación de esa nueva estructura social que se impone sobre los ciudadanos indefensos.

Desde tempranas horas de la tarde, hasta entrada la noche, los medios de la pantalla chica bombardean la mente con novelas y “realities”, que tienen como protagonistas a personas inmersas en su propia degradación, como ilustrando que a un ser humano se le puede arrastrar a la miseria, si antes se le convence de que va a alcanzar su auto-realización, su éxito perpetuo, pero que nunca existirá dentro de la caverna a la que ha sido sometido.

Platón diría que estas son las sombras proyectadas sobre los cautivos de la cueva, para que configuren en su mente la realidad ficticia a la que se les quiere conducir, mientras el detrimento de sus vidas continúa en descenso, sin que perciban lo que está sucediendo.